lunes 2 de junio de 2008

MEMORIAS DE UN PROBABLE HIPOCONDRÍACO

La única manera de vivir muchos años es estando siempre un poco enfermo -dice Luder-. La muerte es un usurero que prefiere cargar primero con la buena moneda.
Julio Ramón Ribeyro - "Dichos de Luder"

Yo siempre he sufrido de males respiratorios. Bronquitis, asma, neumonía, y tuberculosis no me son dolencias desconocidas. A pesar de constar en mis primeros registros un nacimiento sano y feliz -no planificado, desde luego-, mis más tempranos recuerdos se ven acompañados por compresas de agua fría en la frente, oraciones rezadas al lado de mi destartalado camastro y termómetros clavados en cuanto orificio presente mi cuerpo. Añado a este relato una idea o inquietud que siempre ha rondado por mi cabeza: creo tener una memoria que, si no es privilegiada, tal vez sea algo fuera de lo común, pues estas primeras imágenes me transportan a momentos vividos antes de mis dos primeros años de existencia. Como prueba de tan precoz razonar, guardo con mucho cariño una vieja maleta, en la cual mi hermano mayor solía ocultarme cuando jugábamos a las escondidas. Dicha maleta, aunque no tan angosta, no es más grande que un portafolios ejecutivo. Puedo asegurar, sin caer en la exageración, que yo cabía holgado y a pierna estirada dentro de él.
Mi hermano mayor, en realidad, no es mi único hermano mayor, al menos no el mayor en orden inmediato. Anterior a mí existió otro párvulo al que nunca conocí. Este niño fue muy diferente a mí: era hermoso, de piel rosada y castaños cabellos (eso decían mi abuela y las más chismosas de mis tías), digo era pues falleció -dice mi madre-, víctima de un mal respiratorio sumado a la ineficiencia de un galeno inexperto. Este hecho marcó de forma trágica y cómica la vida del infortunado que vendría después.
Luego de la desaparición de mi desconocido hermano, fui alumbrado sesenta días después. Nuestra incipiente familia se fue a instalar en una pequeña habitación de un modesto callejón ubicado en el límite norte del distrito de Barranco. Fue a ese lugar al que fui a parar luego de dejar los cálidos envoltorios de la clínica materno infantil donde nací. Está de más señalar que mi madre se deshizo en cuidados y precauciones para mantener saludable a este nuevo hijo, a quien no dejaba de mimar estrechándolo día y noche contra su pecho; no obstante, sin proponérselo, iba creando en este nuevo hijo, una personalidad dependiente, caprichosa y malcriada.
Sería mucho cuento afirmar con exactitud en qué momento fui destetado. Lo que si recuerdo, con mucha nitidez, son las circunstancias en qué fui expulsado del lecho de mis padres ...al que engreídamente me había aferrado, a pesar de las continuas rabietas de mi padre, amparándome siempre en los excesivos temores de mi traumatizada madre. Sucedió en una noche que dormía placidamente. Mi padre, hombre poco paciente y autoritario, aprovechando la pesadez de mi sueño, y desesperado del poco ejercicio de sus derechos maritales, se deslizó por la habitación como un ladrón, y como quién menosprecia una almohada con olor a babas, me colocó al extremo inferior y lateral de la litera.
Nunca antes había dormido (mucho menos, solo) en ese punto de la cama. Además tenía la mala costumbre de moverme ondulando por la superficie de ella, con la misma libertad con que se mueve una lombriz, en el huerto de un convento de monjas. Aquella vez no me fue bien. Recuerdo hasta ahora, con pánico, el brilloso piso de cemento acercándose pausadamente hacia mí, como en cámara lenta, el golpe seco contra mi frente, el grito desesperado, la pataleta nerviosa y desesperada que terminó por volcar sobre mi cara el contenido hediondo de una rebalsante bacenica. Al día siguiente amanecí con el primer resfriado del cual tengo memoria, un resfriado jodido que me hizo volar en fiebre, y que marcaría el inicio de mi enfermiza y enclenque historia.
Cotinuará

Soy el remedio sin receta y tu amor es mi enfermedad...

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jueves 15 de mayo de 2008

NO ESTABA MUERTO ...ESTABA DE CHATERO

No puede ser... debe tratarse de un error, algun factor no computable... Son riesgos de la informática... La chica mas completa que jamas soñé, ...vive de espaldas al computador
Miguel Rios - Amor por Computadora

Aparte de las normales razones que causaron mi distanciamiento de la esfera blogueril (desgano generalizado producido por el stress en que me sumió el exceso de trabajo, que para variar, era mal pagado… y esto en el mejor de los casos; pues aún me adeudan un mes de salario), debo reconocer que algo más contribuyó, y no en poca monta, a este alejamiento: recaí en mi adicción al Chat. Las razones no las comprendo, pero si algo debo alegar como defensa es que seguro esto tenga que ver con la debilidad, sobre todo mental, con que una persona común llega a casa luego de más de doce horas de andariega y ardua labor. Es más fácil en tal estado de adormecimiento, leer un texto corto que abrir un libro; soplarse una línea que saborear un post. La poca vergüenza y decencia que aun me quedan, convirtieron en tarea imposible que me acercara siquiera a los links de mis blogs favoritos. Un blogger merece respeto, ¿cómo presentarse y mucho menos publicar, en tan calamitoso estado? Así pues, sin mucho cargo de conciencia, mudé del blog al chat.
Entré por primera vez a una de estas salas de conversación de forma casual, hace cinco años. Para esa época yo a las justas sabía encender un computador. Al llegar al lugar que ofrecía el servicio de cabinas de internet públicas pedí una máquina -solo por curiosear, quería saber por mí mismo que hacía tan interesante todo esto
-. Me instalaron en una pc que había sido dejada encendida y que mostraba una página con el siguiente encabezado: LatinChat de Starmedia. Observé en el monitor diálogos escritos en líneas rápidas y fluidas, que subían veloces a modo de créditos de película ochentera. Más de cuarenta personas compartían ese espacio escribiendo todo aquello que pudiera llamar la atención del resto: galanteos insulsos, diatribas grotescas, lloriqueos, lamentos y uno que otro monólogo ultra nacionalista… no faltó por allí un iluminado que clamaba desde un rincón ¡Cristo te ama! No puedo negar que aquello llamó mi atención.
Siempre he pensado que para que algo sea adictivo, necesariamente debe ser placentero. Valgan verdades, suelo reír como un demente cuando chateo, el tiempo se me pasa volando y pierdo todo contacto con la realidad. Muchas veces olvidé cenar, cumplir con algunos deberes y hasta dormir por andar pegado a esto del chat. Creo que existen un par de cosas que hacen de este juego algo tan atractivo: el hecho de poder ser tan terriblemente franco y/o conchudamente falaz.
Por ejemplo, poco tiempo después de haber curioseado de forma bisoña por estas salas de conversación, ya me hallaba participando en más de un debate de aquel grupo de cibernautas, compartiendo temas tanto interesantes como triviales... hasta cojudos diría yo. Un día cualquiera, luego de charlar más de dos horas con esos ya conocidos usuarios una chica autodenominada “Traviesa” me escribía al privado esta frase: ¿Quieres ser mi cibernovio? ¡Carajo! esta bien que ahora los tiempos hayan cambiado, pero eso de que una mujer te haga una propuesta de esas no dejaba de parecerme algo sorprendente... no obstante, no me hice de rogar. Luego de aceptar tan lisonjera proposición puse manos a la obra en aprender todo cuanto debe saber un 'chatero' que se precie de serlo: aprendí a digitar más ligero, memoricé las claves para adornar mis líneas de íconos y hasta me hice de una cuenta de Messenger, todo esto bajo la atenta mirada de mi cibernovia “Traviesa” quien para ese entonces hacía el papel de maestra y yo de humilde aprendiz. Una vez instalados en la tranquilidad del Messenger la relación con ella se tornó más íntima, hasta el punto de tratar temas de alto contenido se...nsual y sazonados con bromas de alto calibre. Total… ¿que podía tener de malo? Eso pensé, hasta el día que me dijo: ¿Quieres verme por cámara? No recuerdo ocasión que yo halla estado más sorprendido y asustado a la vez, que aquella tarde de enero. La mujer con la que yo había estado compartiendo una comunicación tan sazonada y cachonda (como dicen los mexicanos), no pasaba de ser una mocosa de más de catorce años que, emocionada, no se cansaba de enviar besos volados a la webcam. No pude pegar los ojos en toda la noche alucinando verme salir en los noticieros dominicales bajo el rotulado del pedófilo más vil de todos los tiempos… Como dije hace rato, me tocó ser no terrible, sino, estúpidamente franco, y a la chiquilla, conchudamente falaz.
A pesar de todo, sus cosas buenas le veo al tan mentado chat. Una de las que más me maravillan al unirme a este grupo de devotos de la conversación, es que puedo comparar variantes entre los modos y formas de gentes de distintos lugares. Por ejemplo: El pendejo de México (la forma más exagerada de estupidez), es lo opuesto al pendejo del Perú (donde es el grado más elevado de astucia), mientras que en Chile tiene un sentido completamente ajeno a la magnitud intelectual (pendejo y/o pendeja equivale a infante, criatura)… que pendejada. Otro dato curioso es el grado de universalidad que tiene la mención inflamada de los genitales de un hombre como expresión de idiotez: el weón o aweonao en Chile, el boludo en Argentina, el huevón en Perú y México, el gilipollas en España, etc. Otro dato, gracias al Chat aprendí a calcular y comparar los tiempos en diversas partes del mundo. Así, aprendí que mientras yo en Lima estoy desayunando, en España mi amiga “Silvia” está reposando el almuerzo; mientras yo llego a conectarme aquí a las nueve de la noche en México mi amiga “Lupis” hace casi lo mismo; mientras aquí paso un invierno con una temperatura promedio de 14º C, en Chile la frágil “Naku” se las ve hasta con 0º C… es decir, también se pueden aprender ciertas cosas…
Siguiendo con las tonterías, y para terminar, debo admitir que más de una vez me he preguntado como será aquella “Claudia” que me dijo ¡que inteligente eres!, o fantaseado con esa “Alaniss” que me llamó mi lindo… Se que todo esto se ve muy tonto, pero hoy no tengo ánimo de corregir. Escribo todo de un tirón, como salen las cosas de mi cabeza. Deseo a toda costa subir algo al blog y acabar de una buena vez con esta racha que no me deja parir dos líneas. Además, debo entrar al Chat un rato después. Quiero encontrarme con “Danae”, quien ahora me detesta –dice que por coqueto, celoso y malgeniado- para dedicarle esta canción, mi canción favorita, y jurarle a pies juntillas que más de una vez le dije alguna verdad.
Y dice...


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domingo 9 de marzo de 2008

"PLANCHA PISTAS" OTRA VEZ


"...comprendí la vida durísima del que tiene que trabajar ocho o diez horas diarias usando sus brazos, su fuerza física, y después no le queda tiempo ni curiosidad para leer ni educarse, ni para ir a un espectáculo, y lo unico que le provoca es quedarse a dormir. Me di cuenta que era una situación despiadada y sin salida, que los trabajadores en nuestro mundo llamado libre estaban como exonerados de porvenir..."

Julio Ramón Ribeyro

-¡Ay joven, cuanto viento! ¡Ojala el aire no se lleve mi techo! -exclama llorosa la dueña de la minúscula bodega que visito. Se lleva asustada las manos a la boca y mira al cielo por todas partes, desesperada, como buscando al Dios invisible e indiferente a sus ruegos.
El viento sopla con violencia, levantando una densa polvareda y cuanto desecho encuentra a su paso: bolsas de chizitos, hojas de periódicos amarillentas y sobre todo, tierra muerta. En los cerros de Ventanilla y Zapallal, los remolinos son cosa de todos los días. A pocos metros una calamina, un plástico azul y una muñeca vieja salen disparados por la fuerza de la ventisca dejando una casucha huérfana de cubierta. Pasado el remolino la vida sigue igual.
-Dígame joven, ¿en que puedo servirlo? -me interrogó la mujer, repuesta ya del susto del remolino.
-Buen día señora, mi nombre es Fulano de Tal, y soy su nuevo vendedor de cerveza Franca -respondo-, estoy reemplazando en la zona al señor Francisco de la Cruz.
-¡Ay joven, ese señor es un renegón –contesta la mujer-, cuando no deseo comprarle su cerveza se pone exigente y pesado, hasta se da el lujo de hacerme mala cara. Ya estoy harta de todos los vendedores.
-¿Verdad señora? uhm, no es usted la primera persona que dice eso –tengo que seguirle la corriente. Sin embargo, me siento alarmado, pues compruebo que es una clienta difícil.
-Claro que si joven, ¿lo ve? no soy la única persona que piensa eso. –insiste-, ¡No sé como la empresa contrata gente tan maleducada!
La mujer sigue hablando del ex vendedor despachándole adjetivos a granel: renegón, viejo, cansado, aburrido y cosas por el estilo. Sus gestos le dan tanta convicción y gracia a sus palabras que no puedo evitar reír y unirme al chisme.
-Si señora, el tío Pancho es así -empiezo a hacer leña del árbol caído-, por eso en la oficina lo llamamos el estreñido.
-Jajajaja… es verdad –ríe la señora- el viejo ese siempre anda pujando.
-Le cuento que ayer, debido al calor infernal que hizo, llegó escaldado de la zona –le pongo al corriente de los hechos del día anterior-, ¿se lo imagina verlo llegar caminando como todo un vaquero?
-Jajajaja… ay joven, usted es más malo que yo -seguía riendo la clienta.
Por fin el hielo se había roto, con la empatía conseguida, ahora no sería tan imposible arrimarle unas cuantas cajas de mi producto.
-Ahora, ¿no me va a decir que pretende que le compre su cerveza? -recalcó la mujer volviendo a su seriedad-, no quiero saber nada de la Franca.
-Señora, la cerveza es muy buena… aparte de económica –argumenté.
-¡Puede ser buena y todo lo que quiera, pero aquí todo el mundo pide Cristal! No deseo comprar un producto para tenerlo guardado –lanzó el comentario a modo de reto.
-Tiene razón señora… ahora ¿puede venderme una Coca Cola? –respondí. Cuando justo acababa de poner el destapador en la chapa de la botella y tirar de él cambié de opinión-. ¡Señora mejor déme una Inca Kola!
-¡Ay joven, ya la destapé… ahora se la toma! ¡Ni modo que la deje destapada! –respondió.
-Está bien señora, pero… debería hacer lo mismo con la Franca, con mi producto usted gana más –me aventuré a sugerirle.
-¡Jajajaja… pero que terco es usted joven! –volvió a reír-. Además, aunque quisiera, no tengo dinero para recibir ningún pedido.
Tenía que pensar rápido, prácticamente, la venta se puso en bandeja de plata.
-¡Ay señora! ¿Por qué tan pesimista? -continué- Tiene un negocio muy atractivo. Además, ¿que le hace pensar que hoy día no puede vender muy bien y lograr el dinero para recibir mi producto? Veo que tiene una bonita exhibición de toallas higiénicas, he caminado por toda la zona y me he topado con más de diez parejas de adolescentes en arrumacos y coqueteos. Habiendo pasado a más de veinte días de celebrar el día de San Valentín… ¿no cree que esas toallas higiénicas que usted vende, pueda ser lo que más deseen comprar esas jovencitas? …vamos, no sea tan pesimista.
-Jajajaja… además de terco, es usted malpensado y jodido –contestó la clienta, esta vez riendo de nuevo.
-No señora… yo solo digo –respondí, poniendo cara de tonto.
El calor iba en aumento. Me hice a un lado a beber mi Coca Cola y pronto la bodega empezó a llenarse. Una señora gorda se llevo un kilo de pollo, un caballero pidió los abarrotes para toda la semana y una jovencita preguntó por un tipo de Alway’s. La dueña de la bodega me miró de reojo y sonrió a escondidas, meneando negativamente la cabeza. Una vez que el negocio le dio un respiro se dirigió de nuevo a mí.
-Está bien, está bien –me dijo, apurada- mándame para mañana cinco cajas de Franca.
Esta vez me tocó reír a mí.

A pesar que el mundo de las ventas esté lleno de experiencias y anécdotas valiosas, debo reconocer que a menudo nos pasa a los vendedores lo que arriba escribió Ribeyro. Y eso es lo que me ha mantenido este tiempo alejado de mi afición blogueril... llegaba tan cansado a mi casa que más de una vez me quedé dormido apenas encendí el computador... ¡Que gusto me da poder leerlos de nuevo!

El jovencito de este video me hace recordar mis primeros dias de vendedor


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domingo 17 de febrero de 2008

¡AZÓTAME!

…El sádico necesita de la persona sobre la cual domina y la necesita imprescindiblemente, puesto que sus propios sentimientos de fuerza se arraigan en el hecho de que él es el dominador de alguien…
…No puede vivir sin ella, o por lo menos sin alguna persona a quien pueda manejar como un instrumento pasivo en sus manos…
…Los soborna con regalos materiales, con alabanzas, con seguridades de amor, con exhibiciones de ingenio y agudeza o con muestras de interés. Les puede dar todo, todo excepto una sola cosa: el derecho a ser libres e independientes…

Erich Fromm “El Miedo a la Libertad”

Fulano de Tal es un conocido cantante de salsa. Su vida transcurre relativamente tranquila, sin mayores tropiezos, a pesar de gozar de cierta fama en el ambiente artístico nacional. Tiene una joven esposa y dos hijos que son su adoración. Sin embargo, él guarda un secreto: desde hace más de cinco años mantiene un romance con Mengana. Cuando Fulano medita esa situación no termina de entender que hay en ese amorío que le hace imposible darlo por terminado. Mengana no es muy bonita, aunque si muy jovencita. “Es muy dócil y obediente” piensa él, y en estos tiempos encontrar una mujer dócil “es más difícil que cagar hacia arriba”. Las muy pocas veces que ella protestó sólo bastó un par de trompadas para “ponerla en cintura” y hacerla cambiar de parecer.
Mengana se siente muy “enamorada” de Fulano. No importa que a veces, o casi siempre, se comporte tan violento, posesivo y dominante con ella. ¡Qué importa lo que diga la gente! Si su hombre le prohíbe salir con amigas, ella sabe que lo hace por su bien; si alguna vez fingió no conocerla, al toparse con ella en la calle, cuando andaba del brazo de su esposa, ¡tampoco importa! ella está segura que de un día para otro Fulano le dará su lugar, y la llevará por fin a su casa para hacerla su reina.
Fulano y Mengana son muy diferentes. Ella tiene menos de de veinte y el se acerca a los cuarenta; ella es muy parsimoniosa y él derrocha energía; ella es callada y él ostentoso. Hace poco ambos tuvieron un pleito. A pesar de las precauciones tomadas, Mengana quedó embarazada. Fulano asustado, viendo peligrar la tranquilidad de su vida pública y familiar, propuso a Mengana “eliminar al engendro”.
Mengana está muy apenada, más que todo dolida. Fulano por poco la mata al intentar “regularizar su periodo menstrual”. Pero lo que más la sorprendió fue su propia reacción: fue la primera vez que se opuso tenazmente a Fulano. Ella quería tener a su “negrito” y nada ni nadie se lo iba a impedir, ni siquiera Fulano. Por esa porfía ese día Fulano llegó a su departamento hecho un energúmeno. De una trompada la derribó al suelo y le exigió “deshacerse del bulto”; al obtener un no por respuesta mandó llamar un amigo y entre los dos, a punta de puñetes y patadas, aplicaron una inyección abortiva a la “terca mocosa de porquería”.
Mengana casi no lo cuenta. Con muchos esfuerzos lograron restablecerla en el centro médico asistencial. Sin embargo, está arrepentida de haberle contado a ciertas personas del abuso de la que fue objeto. Las cosas con Fulano están de “color de hormiga” porque la gente ahora lo llama “abusivo de mierda”. Él está escondido por temor al dedo acusador de cuanta persona se enteró de lo sucedido.
Mengana, muy dentro de ella, teme no ver de nuevo a Fulano. Recuerda nítidamente sus piropos, lisonjas y sus cautivantes pasos de baile, mimos que siempre despertaron su lado más lujurioso. Está arrepentida del escándalo en que se convirtió su historia, mucho más ahora que tiene la carta de Fulano en sus manos, donde le pide de rodillas, y con lágrimas en los ojos, que él no puede vivir sin ella, que su existencia sin ella se ha vuelto vacía y que vuelva con él.
Mengana empieza a flaquear, después de todo, ella ama a su “negro”. Está segura que él va a cambiar y se dice “que importa… si los golpes y gritos son parte de toda relación”. Mengana cierra los ojos y añora a Fulano. En silencio, una vez más, lo ha perdonado, y a la distancia le envía un etéreo beso, el mismo que viaja por el espacio y va a parar al concierto que Fulano da por el día del amor… donde paradójicamente –junto a su hermano-, canta esta risible canción…


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domingo 10 de febrero de 2008

LAGUNA MENTAL (O SIMPLE DESIDIA)

PD. ¡Bah! hasta olvidé las proporciones en la imagen. Para ver las letras pequeñas denle click a la imagen para agrandar. Ojalá me ayuden con el pedido.


Solo se me antoja oir algo suave...


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martes 29 de enero de 2008

CUANDO ALAN GARCÍA REGRESÓ AL COLEGIO

Los traumas en la infancia a veces suelen ser insuperables

Las apariciones de nuestro presidente cada día son mas graciosas. En mis tiempos no era tan divertido. De hecho, verlo la primera vez resulto ser una experiencia terriblemente aburrida. Era noviembre del año 84 -si la memoria no me falla-, y el candidato presidencial Alan García Pérez venía de visita al antiguo colegio donde cursara sus estudios primarios.

Para tan digna ocasión sólo fuimos invitados los profesores y los estudiantes que teníamos la infame fortuna de ocupar los primeros puestos del cuadro de honor de cada clase. La visita estaba programada para las nueve de la mañana. A los alumnos nos citaron desde las siete, para ensayar las marchas premilitares y pasos redoblados de ley, que luciríamos frente al futuro presidente de la nación. De más está decir que muchos de nosotros habíamos llegado a la cita con un desayuno apurado.
Eran las once de la mañana y el ilustre visitante no llegaba. Cientos de alocadas madres de familia aguardaban en la puerta del colegio, esperando histéricas y emocionadas al buen mozo político que ya para ese entonces amenazaba convertirse en el próximo presidente de la república. La espera proseguía mientras el calor se volvía insoportable.
Mantenerse parado por más de cuatro horas en esa rígida formación escolar empezó a causar estragos: mi amigo Humberto vomito huevos fritos; el gordo Ricardo se desplomó desmayado producto del ayuno que su madre lo obligó a pasar para evitar llegar tarde al acto; yo descubrí esa vez que el mar de camisas blancas resplandeciendo en el sol de mediodía (maldito Ariel blanqueador) me producía náuseas, mareos, pérdida de la visión y unas ganas terribles de encajar un cabezazo en los testículos de ese político de porquería.
A las doce con treinta minutos por fin llegó. Las madres de familia en la puerta gritaban alocadas como fans enamoradas, un batallón de guardaespaldas iba por delante y detrás del ilustre ex-alumno atropellando, empujando y pisando a quién se acercara demasiado. Una vez instalado en el apolillado estrado oficial del colegio, los alumnos sobrevivientes a la espera desfilamos delante de él, gallardos y marciales, con la expresa misión de levantar las piernas muy por encima del trasero del compañero que teníamos delante.
La ceremonia se dio sin contratiempos. En su discurso, Alan García recordó a viejos maestros y antiguos compañeros. ¡Que aburrido!... por esos días debió haber tenido alguna cura del sueño o algo parecido pues no estatizó el kiosco de golosinas, no pateó a ningún retrasado mental, no cantó bolero ni ranchera, no bailó salsa o reggaeton alguno, ni fecundó a maestra o madre de familia de “muy altas cualidades” que pululara por el lugar. Al final de la ceremonia fue invitado a saborear un banquete en su honor. Sin embargo, aduciendo apuros, se disculpó, y se mandó mudar. Los alumnos también nos retiramos, pero obligados por los maestros, quienes se encerraron en la sala de honor del plantel para devorar en privado el magnífico banquete que pagó la ultima colecta escolar.

¡Pues claro que ahora es más divertido! ¿O caradura?

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sábado 19 de enero de 2008

BARRANCO... DÍA DE PLAYA

Hace calor, cuando niño en estos momentos ya estaría tirado en la arena panza arriba. Ahora no puedo. No es porqué las ganas se hayan ido; sino por la sencilla razón que el mar de Barranco ya no es de los barranquinos.

Recuerdo mis primeras y solitarias caminatas a la orilla del mar. No hacía falta mayor excusa que un querer estar a solas para planear mi excursión. Me ponía al vuelo los pantalones cortos, echábame al hombro la mas vieja de mis camisas, y pies descalzos, salía corriendo rumbo al malecón. A veces, a mitad del camino, la conciencia me recordaba que no bastaba una simple nota dejada en la mesa para evitar que la vieja se preocupara… "Mamá voy donde Pedro a jugar Atari". ¡Qué chucha, bien valía la pena ser castigado!

A la altura de la casa de Vargas Llosa el malecón se abría en un magnífico parque, en forma de media luna, en todo su centro convexo el barranco descendía menos pronunciado. Miles de pisadas habían formado una senda por donde los chicos bajábamos a la playa. Que placer era llegar allí, mirar con desprecio el peligro de la pendiente y bajar corriendo, elevando nubes de polvo con cada paso que dábamos, mientras las ratas enormes corrían a refugiarse espantadas debajo de las campanillas o la maleza. Otras veces nos caía una lluvia de piedras lanzadas por un demente que habitaba muy cerca, un cuchitril de cartones y trapos viejos; al mismo tiempo que nos lapidaba, chillaba: ¡Fueeera mierdas… fueeera!
Una vez llegado a la playa aspiraba la brisa con deleite y me amarraba la camisa al brazo. Así, sin nada que cuidar y mucho menos que perder, me adentraba a saltos corridos en el mar. Nunca asistí a clase de natación alguna, pero la tranquilidad de ese mar juguetón me hacía creer ser un moderno aquaman. ¡Qué rico era bucear en sus aguas tibias, correr con una paleta en la mano sus olas y hacerse el cojudo al chocar varias veces con una chica bonita! Luego del chapuzón emprendía la jornada exploradora. Nada era más fascinante que buscar caracoles en los espigones de piedra que limitaban una playa de otra, aunque había que tener mucho cuidado. De vez en cuando una ola golpeaba con fuerza contra las rocas, y si tenía la mala suerte de hallarme en el camino de la misma no evitaría jamás un doble golpazo en el cuerpo, digo doble pues primero te golpeaba el agua, aventándote con fuerza hasta estrellarte contra las piedras. Otras veces atisbaba bajo las rocas y podía encontrar restos de cordeles de pesca casi nuevos, que de seguro eran perdidos por unos viejos que llegaban al amanecer a la playa para pescar tramboyos y lizas. Todos estos cachivaches (que así los llamaba mi vieja) los guardaba en una lonchera de plástico que encontré otra vez en la lagunita de agua dulce que se formaba en el centro de la playa. Ese lugar era usado por los chicos como piscina, ya que de tiempo en tiempo el agua salada y el calor sofocante parecían estresar la piel y no había mayor placer que echarse a nadar en esa poza de agua tibia y libre de sales (quién sabe si libre de orines). Avanzando más al sur, con dirección a Chorrillos, se vio por algún tiempo los restos de un cetáceo que, habiendo sido varado por el mar, iba descomponiéndose poco a poco. A pesar del fuerte olor, la vista completa de ese blanco esqueleto, cerraba con broche de oro toda aquella aventura “descubridora”.
Dicen que Barranco antes fue un lugar de ensueño. Los Baños de Barranco eran una estructura metálica enorme que, a modo de glorieta, se adentraba en el mar para brindar a los bañistas la fantasía de retozar en balcones marinos. En mis días de infancia ya de ello no quedaba nada. A cada cierta distancia solo se podía ver algunos fierros podridos, carcomidos por el agua, la brisa, el tiempo y el olvido. Tiempo después la bajada de tierra fue reemplazada por una escalera de concreto y señalizada, que hacía más seguro el descenso. Con esa facilidad, más tarde hasta las viejas se animaban a bajar a la playa a relajarse de la rutina de ollas, bateas y escobillas de lavar.Hoy todo eso ha cambiado. Cierto día las escaleras de descenso a la playa amanecieron destruidas, dijeron que un "derrumbe" en el acantilado produjo su colapso. Al mes siguiente se iniciaron trabajos de “infraestructura” en la playa, y cuando estuvieron concluidos, se dio la noticia que el gobierno municipal había cedido los terrenos para construir un complejo turístico en favor de los mismos barranquinos. No ha pasado nada de eso. Simplemente ya no tenemos playas. Varios restaurant’s y clubes particulares han tomado por asalto las áreas públicas y construido sus instalaciones a lo largo de casi toda la orilla. El sueño de repetir como mis hijas el hueveo de mi niñez, sencillamente, ya no se dará...

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