martes 18 de septiembre de 2007

COLAPSO TELEFÓNICO... LA HORA DE LAS EXPLICACIONES... (un poco tarde... no?)

Tu ru ruuu… lo sentimos… Su servicio se encuentra suspendido. Para mayor información comuníquese al… Me vieron la cara. Hace dos días un “amigo” me vendió este teléfono celular y ya no funciona; o funciona, pero está bloqueado. Apago el aparato para mandarlo a la gaveta de mis cosas inservibles y prendo la televisión. ¡Qué casualidad! En el noticiero se comenta el informe final del colapso de las líneas telefónicas el día del terremoto. Era algo que se venía venir, al menos yo estaba seguro de eso. Algunas personas al leer estas líneas pensaran que son los lloriqueos injustificados de un trabajador despedido. Sin embargo, no faltará quién asiente afirmativamente con la cabeza y diga en silencio: si imbécil, y ahora lo dices...
Trabajé casi dos años como agente vendedor en una empresa de telecomunicaciones. No fue hace mucho tiempo. Mi trabajo consistía en la venta de tarjetas de telefonía celular prepago. De lunes a sábado visitaba una localidad determinada entrando a bodegas, farmacias, autoservicios, librerías y hasta panaderías, ofreciendo mis tarjetas telefónicas. Al comienzo el trabajo fue duro. Lima recién se abría al mercado de la telefonía celular y muchos clientes miraban con recelo las susodichas tarjetas. La política de marketing y expansión del operador hizo lo suyo, muy pronto las tarjetitas se vendían como pan caliente. Las ventas subían incontenibles, el operador duplicaba su valor (sin variar su precio) con una ingeniosa campaña publicitaria: ¡Esta semana duplica la recarga de tu celular! La demanda explotó. En la oficina todo era felicidad. Los clientes bodegueros pedían las tarjetas a gritos, los usuarios directos peor aún. Ya no era necesario hacer la penosa caminata de negocio en negocio. Era nuestro momento, los clientes acudían a buscarnos. Ellos trabajaban por nosotros. Sin embargo, de un momento a otro, empezaron a darse situaciones por demás incómodas. Al momento de ingresar la clave secreta para la carga del saldo en los teléfonos, esta no se daba. Tu ru ruuu… el código que ha marcado no existe, por favor intente de nuevo… ese mensaje era nuestra peor pesadilla. Con terror, mirábamos que los usuarios se quedaban con una tarjeta inservible en la mano y un teléfono sin línea en la otra. Sucedía muy a menudo. De ser los proveedores estrellas en esos negocios, pasamos a ser el dolor de cabeza de los mismos. Tu ru ruuu… el código que ha marcado ya ha sido usado, por favor intente de nuevo… era otro mensaje que nos hacía sudar.

Se juntaron tantas quejas, a veces más de una en el mismo negocio, que empezamos a caminar por la calle con recelo y aprensión, cuidando de no ser vistos por alguna esquina en especial. Podía salir el dueño de algún local exigiendo a gritos el cambio de su mercadería o la devolución de su dinero. La empresa operadora de telefonía no hacia nada de ello. La tarjeta defectuosa pasaba por una eterna auditoria -podía durar meses- y generalmente no resolvía el problema. Si la empresa decía que la tarjeta estaba usada no había marcha atrás. Luego de tan larga espera debíamos comunicar a nuestros clientes que su tarjeta ya había sido usada, el cambio o devolución no procedían. Al dar estas explicaciones los clientes ya no demandaban dinero devuelto o tarjeta cambiada, simplemente decían: ¡Lárguese de mi negocio!
La plataforma de gestión de las tarjetas es muy pequeña, el tráfico se hace intenso en determinadas horas y eso causa todos estos problemas. Tengan paciencia muchachos, que pronto se arreglará...
Esas eran las consoladoras palabras de los gerentes del operador telefónico. Empiezo a sonreír, hace tiempo que no recordaba estos impases. Veo que el problema persistió después de mi renuncia y en el último sismo se hizo aún más evidente. Le tocó al mismísimo Presidente de la República sentir la vergüenza del ridículo por un servicio de comunicaciones deficiente (minimizó a cero la tragedia del terremoto en su mensaje a la nación el mismo día de los hechos). La conclusión del informe final de las auditorias a las empresas de telefonía fue fulminante: Dichas empresas se dedicaron a crecer solo en ganancias y usuarios, permaneciendo estáticos en infraestructura. Una multa millonaria será aplicada a cada una de las empresas que presentaron estas anormalidades.
Mi sonrisa se tornó en carcajada, siento el gusto gratificante de una sutil venganza. Pero el gusto me durará poco, debo cambiar este teléfono celular. Debí imaginar que pagar la décima parte del precio por un modelo tan bonito tendría algo de que desconfiar. Lo más triste es que debo pasar por la avenida Villa María, a escondidas de nuevo, pues un iracundo ex-cliente grita siempre al verme: ¡Cuidadooo… ladrooon!

1 Atrevidos:

nInFa-Vs-sTePhAnIe dijo...

Así que tienes fama de estafador por culpa del terremoto. jaja que mal. Oye y me extrañó mucho que tengas un gabinete de cosas inservibles. Me pregunto si era un gabinete inservible antes de que te sirviera para guardas otras cosas inservibles.