Esta noche los noticieros de televisión hicieron hincapié en una pintoresca noticia. El ministro del interior Luís Alva Castro, anunció la puesta en marcha de un plan de emergencia que aliviará la demanda de unidades de movilización policial en la periferia de la ciudad. Se dotaría de CABALLOS a las delegaciones de las zonas más populosas de la gran Lima.Entiendo que el hecho de adquirir, de forma honesta, más de 500 vehículos patrulleros para la Policía Nacional sea una prueba demasiado difícil para la torpe y corrupta burocracia del ministerio en cuestión. No es extraño que dos licitaciones hayan fracasado. Pero seamos sinceros, el Perú no es El Gran Chaparral. Esto de dotar de patas y herraduras en lugar de ruedas y llantas a nuestras fuerzas policiales como que es algo tirado de los caballos… perdón, de los cabellos. Seamos comprensivos y pongámonos en lugar de los involucrados; juguemos a policías y ladrones.
A los policías no creo que le cause mucha gracia el hecho de andar ocho horas dando saltos sobre el trasero del animal, y a la vez sobre su propio trasero. Imagínense las tremendas inflamaciones de esas pobres posaderas; ni que decir de las criadillas, al final del día dichos órganos tal vez estén alojados, en vez de la cavidad pélvica, a la altura del cogote. Todo esto sin contar lo difícil que será para ellos transitar, a bordo de equinos, en una bulliciosa calle principal de Lima. ¿Cambiarían claxon y sirenas por relinchos y silbatos? ¿En lugar de vale de combustible que le darán al uniformado?... ¿Un atado de alfalfa?... ¡Exijo una explicación!
Ladrones, choros, cogoteros o carteristas… lo mismo es al caso. Imaginemos el traslado de un delincuente luego de una brillante captura. No en una unidad motorizada, sino en caballos. ¿Cómo sería el traslado? En primer lugar yo creo que por más ladrón e hijo de mala madre que sea, el delincuente en cuestión no se dejaría subir como una señorita delante del efectivo policial. El sentimiento de virilidad de ambos personajes impediría llevar a cabo tan amanerada, sospechosa y vergonzosa posición. ¿Cuál sería la forma? ¿Atarlo a un lazo y arrastrarlo como a una res?
El espectáculo de un marcial uniformado en un brillante alazán le encantaría a los niños de mi barrio, pero solo por un tiempo. Créanme, más adelante sería el blanco perfecto de: piedras, bolas de papel mojado y tronadores en las épocas navideñas, de los palomillas de mi calle.
Hace mucho tiempo un vehiculo patrullero se estaciona en la puerta de mi vivienda. Si no fuera por el carácter amigable de los dos atentos efectivos policiales, el intocable troglodita que llevo dentro no se hubiese acostumbrado a ver y aceptar con resignación las manchas de aceite que deja la vieja patrulla en mi parte de la calzada. Me aterra pensar en los recuerdos que me dejaría un caballo. A duras penas -y maldiciendo por dentro- puedo barrer con aserrín los minúsculos y malolientes recuerdos que me deja un conocido perro vago.








2 Atrevidos:
¿de qué se trata todo esto?... ¿bajo presupuesto? o ¿retribución al medio ambiente?. Saludos.
ya me hice el blogspot ... si me gusta más que el space... pero es un lugar para escribir otro tipo de cosas. Mi pensar político criminal lo dejo en windows live. Oye ¿cómo es eso de loca lúcida?
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