A los 18 años, yo era un flacuchento... jamás se me hubiese pasado por la cabeza pesar mas de 58 kilos. En ese tiempo, eso sería como alucinar a Laura Bozzo en el cuerpo de Tongo.La mayoría de los últimos posts que he leído entre los bloggers peruanos, coinciden en algo: cada uno, y a su manera, hacen una notoria mención de la necesidad de lucir una esbelta figura en el verano que empieza a cocinarnos.
Carmendelly narra una que otra incidencia en la vida de la gimnasta compulsiva, aquella de carnes firmes y formidables, capaces de provocar las muestras más grandes de admiración entre los hombres, y envidia en las mujeres; R4f43l parece narrar un soliloquio triste tenido frente al espejo -como el que tengo a diario al terminar de ducharme-; Renato Cisneros hace lo propio, aunque de forma más libre, al más puro estilo Beach Boy’s; Mariella aborda el tema de modo más serio, imponiéndose un reto personal… reto que yo mismo me impuse, y que ahora, guatón y derrotado, no deja de producirme una carcajada.
Carmendelly narra una que otra incidencia en la vida de la gimnasta compulsiva, aquella de carnes firmes y formidables, capaces de provocar las muestras más grandes de admiración entre los hombres, y envidia en las mujeres; R4f43l parece narrar un soliloquio triste tenido frente al espejo -como el que tengo a diario al terminar de ducharme-; Renato Cisneros hace lo propio, aunque de forma más libre, al más puro estilo Beach Boy’s; Mariella aborda el tema de modo más serio, imponiéndose un reto personal… reto que yo mismo me impuse, y que ahora, guatón y derrotado, no deja de producirme una carcajada.
A Licety la conozco hace poco más de un año. Es la chica que administra las cabinas de Internet que yo visitaba antes de tener la conexión en casa. Así pues, a medida que crecía mi adicción al chat y los juegos en red, crecía la confianza entre los dos. Hoy, a pesar de tener el vicio en casa, no dejo de visitarla a menudo para conversar de cualquier cosa y con la plena seguridad de reírme un buen rato en la compañía de alguien que disfruta de las mismas trivialidades que yo.
-Oye Oscar, estás panzón.
¡Carajo! …la flaca me dio la puñalada. Hace tiempo que me había dado cuenta de eso, pero… ¿acaso la condenada tenía que ser tan directa? ¿acaso no bastaba caminar erguidito, metiendo con disimulo la guata y ajustar asolapadamente la correa para pasar piola?
-No Oscar, de verdad… estás bien gordito.
Cambió el tono de sus palabras, pero a la larga, me dejó más cagado que los calzoncillos de Guayabera Sucia. El hecho es que la flaca me dejó traumado. Salí de las cabinas corriendo y derechito me fui a la farmacia del costado. Una inmaculada balanza digital, por la módica suma de un nuevo sol me daría mi peso, talla, y un cálculo exacto de cuanto debería pesar en proporción a mi estructura ósea (vaya floro).
Su talla es 1.70 m, su peso es 80.2 kg.
Su peso debe variar entre 66 kg y 70 kg.
Gracias por su preferencia.
Su peso debe variar entre 66 kg y 70 kg.
Gracias por su preferencia.

Don Juan Capuñay es un viejo setentón, y una de las glorias vivas del callejón de Los Intocables. A fuerza de mucho empeño, trabajo y sacrificio pudo montar un modesto gimnasio en el patio de su casa, que con el tiempo, se fue ampliando hasta convertirse en todo un edificio de cuatro pisos dentro del callejón. Sin embargo, el acceso a sus instalaciones estaba muy restringido. Desde hace varios años, el callejón de Los Intocables se hizo fama de reducto de gente de mal vivir. La fauna social, típica del lugar, estaba constituída por prostitutas, drogadictos, ladrones, rateros, choros y cogoteros que pululaban por buena parte del viejo Barranco y Surco pueblo. No eran raras las incursiones y pesquisas policiales al interior de su perímetro de adobones. Un buen día los vecinos empezaron a protestar, se organizaron, y armados de piedras y palos, expulsaron a toda esa escoria social que se había apoderado de las pampas y zanjas que, al interior del callejón, les servía de guarida y refugio. Don Juan, como el hombre más respetable del lugar, asumió las funciones de jefe de seguridad del comité vecinal. Se montó un puesto de vigilancia a la entrada del lugar (que no era otra cosa que un apolillado kiosco de planchas de triplay y cartones reciclados), y pusieron de guardias a las mujeres más viejas, cucufatas y chismosas del comité. Con semejante cuerpo de vigilancia, la expulsión definitiva de la gente de mal vivir estaba garantizada. Por la misma razón, Don Juan hizo mucho mas refinado el filtro que cernía la clientela que pedía acceder a los servicios de su gimnasio.
-Buenas noches señor, ¿usted es Don Juan Capuñay? –pregunté-, Yo soy Oscar C… vengo recomendado por Cesar Bianchi, el peluquero.
-¡Ah Cesitar! –respondió-, muy buena persona, aparte de buen pastor evangélico. ¿En qué puedo servirlo? –continuó-, ya es tarde y estaba a punto de irme a dormir.
-Venía a inscribirme en su Gimnasio Don Juan –le respondí-, Cesar me dio razón de él y me dijo que le avise que venía de su parte, ya que usted sólo acepta previa recomendación.
El viejo me miró de pies a cabeza sin disimular su desgano. Luego me dijo:-Muy bien joven, puede venir a conversar mañana temprano que yo lo estaré esperando. Pero antes déjeme darle un consejo:
-Buenas noches señor, ¿usted es Don Juan Capuñay? –pregunté-, Yo soy Oscar C… vengo recomendado por Cesar Bianchi, el peluquero.
-¡Ah Cesitar! –respondió-, muy buena persona, aparte de buen pastor evangélico. ¿En qué puedo servirlo? –continuó-, ya es tarde y estaba a punto de irme a dormir.
-Venía a inscribirme en su Gimnasio Don Juan –le respondí-, Cesar me dio razón de él y me dijo que le avise que venía de su parte, ya que usted sólo acepta previa recomendación.
El viejo me miró de pies a cabeza sin disimular su desgano. Luego me dijo:-Muy bien joven, puede venir a conversar mañana temprano que yo lo estaré esperando. Pero antes déjeme darle un consejo:
Por más urgente que sea la situación,
jamás vuelva a tocarme la puerta
jamás vuelva a tocarme la puerta
pasada las doce de la noche…

Ingresé al gimnasio un día martes a las cinco de la tarde, habiendo pagado dos meses por adelantado de instrucción, y estrenando shorts, zapatillas, polera y calcetines nuevos recién compradas en el mercado del barrio.
-Lo primero que vamos hacer serán abdominales –dijo Don Juan, señalándome la guata.
No recuerdo bien cuantas veces flexioné aquella parte del cuerpo que en las clases de primaria los maestros nos enseñan a llamar tronco. Al comienzo fue fácil, pero a medida que iba acabando cada una de las secuencias que el viejo maestro ordenaba, mis ímpetus se iban menguando. El sudor corría a chorros por todo mi cuerpo y empezaba a sentir mareos. “Tu puedes Oscar… sigue, no pares” pensaba para mis adentros. “Malditas cervezas, malditos cigarros… malditos quince años de pereza y gula”, empezaba a maldecir, mientras se me entumecían las piernas. Sin embargo, no me daba por vencido. “Muy bien, ahora de costado… bravo, ahora levanta las piernas… excelente, ahora coloca las rodillas arriba… las piernas abiertas, treinta veces, vamos… uno, dos, tres…” el viejo jijuna me movía a su antojo, como un depravado a una puta. Pero pasé la primera prueba.
-Ahora trabajaremos hombros, espalda y brazos –sentenció el viejo.
Pasamos a otro ambiente del gimnasio que se hallaba cubierto de espejos. Cogí unas mancuernas del suelo y observé mi imagen reflejada: bañado en sudor y con pesas en las manos mi porte me pareció de lo más viril. Me gustó. “¡No… esas no!... esas mancuernas son para damas… coge las otras, las más grandes”, el maldito me devolvió a mi realidad. “Ahora, con esa pesa grande flexiona los brazos hasta el pecho… treinta veces… vamos…” Yo empezaba a desfallecer, y vinieron muchas rutinas. “Ahora, recostado sobre esa banca, levanta las mancuernas… treinta veces… con firmeza… vamos… uno, dos, tres…” Cada vez, más al borde del desmayo, empezaba a temblar. Una mancuerna se me resbaló de las manos y (recostado como estaba) por poco me rompe la cara. Al ser rezongado por el viejo, esta vez pensé para mis adentros: “Calla viejo conch…”.
-Vamos a ver como estamos de piernas -amenazó, señalando mis miembros inferiores.
-Lo primero que vamos hacer serán abdominales –dijo Don Juan, señalándome la guata.
No recuerdo bien cuantas veces flexioné aquella parte del cuerpo que en las clases de primaria los maestros nos enseñan a llamar tronco. Al comienzo fue fácil, pero a medida que iba acabando cada una de las secuencias que el viejo maestro ordenaba, mis ímpetus se iban menguando. El sudor corría a chorros por todo mi cuerpo y empezaba a sentir mareos. “Tu puedes Oscar… sigue, no pares” pensaba para mis adentros. “Malditas cervezas, malditos cigarros… malditos quince años de pereza y gula”, empezaba a maldecir, mientras se me entumecían las piernas. Sin embargo, no me daba por vencido. “Muy bien, ahora de costado… bravo, ahora levanta las piernas… excelente, ahora coloca las rodillas arriba… las piernas abiertas, treinta veces, vamos… uno, dos, tres…” el viejo jijuna me movía a su antojo, como un depravado a una puta. Pero pasé la primera prueba.
-Ahora trabajaremos hombros, espalda y brazos –sentenció el viejo.
Pasamos a otro ambiente del gimnasio que se hallaba cubierto de espejos. Cogí unas mancuernas del suelo y observé mi imagen reflejada: bañado en sudor y con pesas en las manos mi porte me pareció de lo más viril. Me gustó. “¡No… esas no!... esas mancuernas son para damas… coge las otras, las más grandes”, el maldito me devolvió a mi realidad. “Ahora, con esa pesa grande flexiona los brazos hasta el pecho… treinta veces… vamos…” Yo empezaba a desfallecer, y vinieron muchas rutinas. “Ahora, recostado sobre esa banca, levanta las mancuernas… treinta veces… con firmeza… vamos… uno, dos, tres…” Cada vez, más al borde del desmayo, empezaba a temblar. Una mancuerna se me resbaló de las manos y (recostado como estaba) por poco me rompe la cara. Al ser rezongado por el viejo, esta vez pensé para mis adentros: “Calla viejo conch…”.
-Vamos a ver como estamos de piernas -amenazó, señalando mis miembros inferiores.
“Ahora, sentadillas… coge esa pesa, llévatela a los hombros y empieza…” Las primeras secuencias las hice con mucho esfuerzo. Pero a la quinta, me fui de culo contra el suelo. Reincorporarme se me hacía difícil. Allí quedaron mis últimas energías. “Creo que por hoy basta… regresa el jueves, y con ganas, porque aumentaremos cada secuencia”. Tambaleándome, llegué a duras penas a casa, con el firme propósito de hacerlo mejor la próxima vez.
Hoy es jueves, y me siento como si me hubiese aplastado un tanque. Quitarme una camisa se me hace una tarea muy dolorosa. Pienso en el viejo y su risa burlona al despedirme, viendome bajar las escaleras abrazado al pasamanos. Mentalmente lo mando al carajo: “Que regrese tu madre… viejo jijuna… por mí, quédate con mi plata y metete tus mancuernas por donde no te da el sol…”
Licety me mira ahuevado y adolorido.
-Nunca pensé que fueras tan llorón –me recrimina.
-Cojuda, por tu culpa me metí en esta huevada –le respondo-, ahora te jodes y empiezas a hacerme unos masajes.
La flaca se da media vuelta y se larga… se larga veloz, riéndose a carcajadas.
Hoy es jueves, y me siento como si me hubiese aplastado un tanque. Quitarme una camisa se me hace una tarea muy dolorosa. Pienso en el viejo y su risa burlona al despedirme, viendome bajar las escaleras abrazado al pasamanos. Mentalmente lo mando al carajo: “Que regrese tu madre… viejo jijuna… por mí, quédate con mi plata y metete tus mancuernas por donde no te da el sol…”
Licety me mira ahuevado y adolorido.
-Nunca pensé que fueras tan llorón –me recrimina.
-Cojuda, por tu culpa me metí en esta huevada –le respondo-, ahora te jodes y empiezas a hacerme unos masajes.
La flaca se da media vuelta y se larga… se larga veloz, riéndose a carcajadas.
boomp3.com
A continuación la publicidad de Brahma Perú que nos levantó la moral todo el verano pasado.








5 Atrevidos:
Vaya en Perú ya es verano y aqui recien empezando el invierno....
Ta chistoso la foto de la vieja Laura..
Saludos desde Japón.
que buen descubrimiento tu blog, me divertí leyendo tu experiencia como el mundo del fitness, me pasó lo mismo hace un año cuando me fui a matricular al gimnasio de por mi casa, solo fui la primera clase y nunca más regresé, desde ese día tuve que darme toda la vuelta a la manzana para ir a comprar el pan.
¡Ay Merme! ...que bien escribes. Acabo de darme una vuelta por tu blog y lo agregué al toke a mi listado favorito. Espero verte seguido.
Perujin pendejín... ¿tu no extrañas nuestra comida? Gracias por tu visita.
Saludos.
jaaaaaaaaaaaa me alegro mucho que alguien haya cobrado venganza en mi nombre, aunque aún no lo sepa. Te la pasabas diciéndome gorda y tu estás panzón. aunque debo admitir que cuando me dijiste que me veía menos chancha, me sentí a aliviada. Pensé, "ésté pendejo no miente".
Jaaa yo estoy dejando la bebida, luego quiero ser flacaa. Besos Oscar,muy divertida tu anécdota. Ojalá pudieras ver mi rostro.
QUE BUEN MONTAJE,LO QUE FALTO DECIR ,QUE LAURA ESTA GORDA PORQUE ESTA RELLENA DE BASURA.
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