La única manera de vivir muchos años es estando siempre un poco enfermo -dice Luder-. La muerte es un usurero que prefiere cargar primero con la buena moneda.Julio Ramón Ribeyro - "Dichos de Luder"
Yo siempre he sufrido de males respiratorios. Bronquitis, asma, neumonía, y tuberculosis no me son dolencias desconocidas. A pesar de constar en mis primeros registros un nacimiento sano y feliz -no planificado, desde luego-, mis más tempranos recuerdos se ven acompañados por compresas de agua fría en la frente, oraciones rezadas al lado de mi destartalado camastro y termómetros clavados en cuanto orificio presente mi cuerpo. Añado a este relato una idea o inquietud que siempre ha rondado por mi cabeza: creo tener una memoria que, si no es privilegiada, tal vez sea algo fuera de lo común, pues estas primeras imágenes me transportan a momentos vividos antes de mis dos primeros años de existencia. Como prueba de tan precoz razonar, guardo con mucho cariño una vieja maleta, en la cual mi hermano mayor solía ocultarme cuando jugábamos a las escondidas. Dicha maleta, aunque no tan angosta, no es más grande que un portafolios ejecutivo. Puedo asegurar, sin caer en la exageración, que yo cabía holgado y a pierna estirada dentro de él.
Mi hermano mayor, en realidad, no es mi único hermano mayor, al menos no el mayor en orden inmediato. Anterior a mí existió otro párvulo al que nunca conocí. Este niño fue muy diferente a mí: era hermoso, de piel rosada y castaños cabellos (eso decían mi abuela y las más chismosas de mis tías), digo era pues falleció -dice mi madre-, víctima de un mal respiratorio sumado a la ineficiencia de un galeno inexperto. Este hecho marcó de forma trágica y cómica la vida del infortunado que vendría después.
Luego de la desaparición de mi desconocido hermano, fui alumbrado sesenta días después. Nuestra incipiente familia se fue a instalar en una pequeña habitación de un modesto callejón ubicado en el límite norte del distrito de Barranco. Fue a ese lugar al que fui a parar luego de dejar los cálidos envoltorios de la clínica materno infantil donde nací. Está de más señalar que mi madre se deshizo en cuidados y precauciones para mantener saludable a este nuevo hijo, a quien no dejaba de mimar estrechándolo día y noche contra su pecho; no obstante, sin proponérselo, iba creando en este nuevo hijo, una personalidad dependiente, caprichosa y malcriada.
Sería mucho cuento afirmar con exactitud en qué momento fui destetado. Lo que si recuerdo, con mucha nitidez, son las circunstancias en qué fui expulsado del lecho de mis padres ...al que engreídamente me había aferrado, a pesar de las continuas rabietas de mi padre, amparándome siempre en los excesivos temores de mi traumatizada madre. Sucedió en una noche que dormía placidamente. Mi padre, hombre poco paciente y autoritario, aprovechando la pesadez de mi sueño, y desesperado del poco ejercicio de sus derechos maritales, se deslizó por la habitación como un ladrón, y como quién menosprecia una almohada con olor a babas, me colocó al extremo inferior y lateral de la litera.
Mi hermano mayor, en realidad, no es mi único hermano mayor, al menos no el mayor en orden inmediato. Anterior a mí existió otro párvulo al que nunca conocí. Este niño fue muy diferente a mí: era hermoso, de piel rosada y castaños cabellos (eso decían mi abuela y las más chismosas de mis tías), digo era pues falleció -dice mi madre-, víctima de un mal respiratorio sumado a la ineficiencia de un galeno inexperto. Este hecho marcó de forma trágica y cómica la vida del infortunado que vendría después.
Luego de la desaparición de mi desconocido hermano, fui alumbrado sesenta días después. Nuestra incipiente familia se fue a instalar en una pequeña habitación de un modesto callejón ubicado en el límite norte del distrito de Barranco. Fue a ese lugar al que fui a parar luego de dejar los cálidos envoltorios de la clínica materno infantil donde nací. Está de más señalar que mi madre se deshizo en cuidados y precauciones para mantener saludable a este nuevo hijo, a quien no dejaba de mimar estrechándolo día y noche contra su pecho; no obstante, sin proponérselo, iba creando en este nuevo hijo, una personalidad dependiente, caprichosa y malcriada.
Sería mucho cuento afirmar con exactitud en qué momento fui destetado. Lo que si recuerdo, con mucha nitidez, son las circunstancias en qué fui expulsado del lecho de mis padres ...al que engreídamente me había aferrado, a pesar de las continuas rabietas de mi padre, amparándome siempre en los excesivos temores de mi traumatizada madre. Sucedió en una noche que dormía placidamente. Mi padre, hombre poco paciente y autoritario, aprovechando la pesadez de mi sueño, y desesperado del poco ejercicio de sus derechos maritales, se deslizó por la habitación como un ladrón, y como quién menosprecia una almohada con olor a babas, me colocó al extremo inferior y lateral de la litera.
Nunca antes había dormido (mucho menos, solo) en ese punto de la cama. Además tenía la mala costumbre de moverme ondulando por la superficie de ella, con la misma libertad con que se mueve una lombriz, en el huerto de un convento de monjas. Aquella vez no me fue bien. Recuerdo hasta ahora, con pánico, el brilloso piso de cemento acercándose pausadamente hacia mí, como en cámara lenta, el golpe seco contra mi frente, el grito desesperado, la pataleta nerviosa y desesperada que terminó por volcar sobre mi cara el contenido hediondo de una rebalsante bacenica. Al día siguiente amanecí con el primer resfriado del cual tengo memoria, un resfriado jodido que me hizo volar en fiebre, y que marcaría el inicio de mi enfermiza y enclenque historia.
Cotinuará
Soy el remedio sin receta y tu amor es mi enfermedad...








15 Atrevidos:
jaja myuy buena dr, osea ke enfermizo me resulto, y encima se resfira x un pokito de pichi ke le kae encima? tome cerevita
pobrecito el okicitooo!!!!
eso si que fue un despertar salvaje!!
q vaso de agua en la cara!!?? noooo
tu cara a la bacenica!!!!
pobrexito
jajaja que buena tu historia, son gajes del oficio no?...esperaremos pacientes la segunda parte
que tal forma de despertar. se puede decir que fuiste bautizado en un bacín (me refiero a tus enfermedades)
Me ha encantado tu blog.te dejo abrazos
jajajajajajjaaj, qui wina! dejaste la teta pa irte a meter a la bacenica! no es la voz eh! pero bueno aqui estas :D
Muy bueno el post, todos estamos enfermos de alguna manera. Yo soy un enfermo del pensamiento, a menudo, con lascivia, disfrazo de enfermeras a las mujeres que pasan por mi mente. Saludos muy bueno el post, y el BLOG.
wilmeRafael
Todos estamos enfermos, algunos más que otros, y sobre todo, algunos no tenemos cura.
weno pues, es q ya estàs viejo, y recuerda q t vas a poner peor ya que aparte de enfermo por dentro te vas a achurrar, el pellejo te và a guindar y todas esas cosas feas q le pasan a la comunidad Momìstica.
Y el termòmetro... me quede fantaseando con eso.. jaja saludos!!
Me quedare esperando la segunda parte. Ha estado muuuuuy divertida esta primera.
yo siempre he sufrifo de mil cosas y al final cuando voy al doctor no tengo nada.. asi que deje d ir al doctor.. y asumi con hidalgia que puedo ser hipocondriaca
Estoy de acuerdo con el perro andaluz, algunos no tenemos cura.
Muy bueno el post.
Un abrazo
jajajaj oyeee yo tb soy hipocondriaca, ni me hables de enfermedades que ya yo las tengo q horrrooor
Te comprendo
para asmática, me coloco como asidua recurrente
muy buena tu forma de narrar un poco de tus vivencias rib, tendrias futuro como escritor, nos haz llevado a vivir esos momentos contigo, aun que algunos no tan agradables jaja
gracias por compartirlos con nosotros.
saluditos !!
tu amiga:
Azul*
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