…El sádico necesita de la persona sobre la cual domina y la necesita imprescindiblemente, puesto que sus propios sentimientos de fuerza se arraigan en el hecho de que él es el dominador de alguien……No puede vivir sin ella, o por lo menos sin alguna persona a quien pueda manejar como un instrumento pasivo en sus manos…
…Los soborna con regalos materiales, con alabanzas, con seguridades de amor, con exhibiciones de ingenio y agudeza o con muestras de interés. Les puede dar todo, todo excepto una sola cosa: el derecho a ser libres e independientes…
Erich Fromm “El Miedo a la Libertad”
Fulano de Tal es un conocido cantante de salsa. Su vida transcurre relativamente tranquila, sin mayores tropiezos, a pesar de gozar de cierta fama en el ambiente artístico nacional. Tiene una joven esposa y dos hijos que son su adoración. Sin embargo, él guarda un secreto: desde hace más de cinco años mantiene un romance con Mengana. Cuando Fulano medita esa situación no termina de entender que hay en ese amorío que le hace imposible darlo por terminado. Mengana no es muy bonita, aunque si muy jovencita. “Es muy dócil y obediente” piensa él, y en estos tiempos encontrar una mujer dócil “es más difícil que cagar hacia arriba”. Las muy pocas veces que ella protestó sólo bastó un par de trompadas para “ponerla en cintura” y hacerla cambiar de parecer.
Mengana se siente muy “enamorada” de Fulano. No importa que a veces, o casi siempre, se comporte tan violento, posesivo y dominante con ella. ¡Qué importa lo que diga la gente! Si su hombre le prohíbe salir con amigas, ella sabe que lo hace por su bien; si alguna vez fingió no conocerla, al toparse con ella en la calle, cuando andaba del brazo de su esposa, ¡tampoco importa! ella está segura que de un día para otro Fulano le dará su lugar, y la llevará por fin a su casa para hacerla su reina.
Fulano y Mengana son muy diferentes. Ella tiene menos de de veinte y el se acerca a los cuarenta; ella es muy parsimoniosa y él derrocha energía; ella es callada y él ostentoso. Hace poco ambos tuvieron un pleito. A pesar de las precauciones tomadas, Mengana quedó embarazada. Fulano asustado, viendo peligrar la tranquilidad de su vida pública y familiar, propuso a Mengana “eliminar al engendro”.
Mengana está muy apenada, más que todo dolida. Fulano por poco la mata al intentar “regularizar su periodo menstrual”. Pero lo que más la sorprendió fue su propia reacción: fue la primera vez que se opuso tenazmente a Fulano. Ella quería tener a su “negrito” y nada ni nadie se lo iba a impedir, ni siquiera Fulano. Por esa porfía ese día Fulano llegó a su departamento hecho un energúmeno. De una trompada la derribó al suelo y le exigió “deshacerse del bulto”; al obtener un no por respuesta mandó llamar un amigo y entre los dos, a punta de puñetes y patadas, aplicaron una inyección abortiva a la “terca mocosa de porquería”.
Mengana casi no lo cuenta. Con muchos esfuerzos lograron restablecerla en el centro médico asistencial. Sin embargo, está arrepentida de haberle contado a ciertas personas del abuso de la que fue objeto. Las cosas con Fulano están de “color de hormiga” porque la gente ahora lo llama “abusivo de mierda”. Él está escondido por temor al dedo acusador de cuanta persona se enteró de lo sucedido.
Mengana, muy dentro de ella, teme no ver de nuevo a Fulano. Recuerda nítidamente sus piropos, lisonjas y sus cautivantes pasos de baile, mimos que siempre despertaron su lado más lujurioso. Está arrepentida del escándalo en que se convirtió su historia, mucho más ahora que tiene la carta de Fulano en sus manos, donde le pide de rodillas, y con lágrimas en los ojos, que él no puede vivir sin ella, que su existencia sin ella se ha vuelto vacía y que vuelva con él.
Mengana empieza a flaquear, después de todo, ella ama a su “negro”. Está segura que él va a cambiar y se dice “que importa… si los golpes y gritos son parte de toda relación”. Mengana cierra los ojos y añora a Fulano. En silencio, una vez más, lo ha perdonado, y a la distancia le envía un etéreo beso, el mismo que viaja por el espacio y va a parar al concierto que Fulano da por el día del amor… donde paradójicamente –junto a su hermano-, canta esta risible canción…
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